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TRASTORNOS DEL ESTADO DE ÁNIMO
 
Trastornos Depresivos

 

Los sentimientos de abatimiento o de depresión son viejos compañeros de la raza humana y seguramente, en sus formas menos graves, tienen una funciones filogenéticos adaptativas como, por ejemplo, recabar la atención y el cuidado de los demás, constituir un modo de comunicación de situaciones de pérdida o separación, o ser un modo de conservar energía para poder hacer frente a ulteriores procesos de adaptación. Sin embargo, bien por su duración, por su frecuencia, por su intensidad o por su aparente autonomía, estos sentimientos pueden interferir extraordinariamente con la capacidad adaptativa de la persona que los sufre. Pueden llegar a ser, en definitiva, patológicos.

Los intentos más remotos de comprender "científicamente" la depresión se deben a Hipócrates (siglo IV a.C.). Hipócrates emplea el término genérico de melancolía para dar cuenta de estos estados de abatimiento, inhibición y tristeza que, por cierto, su coetáneo Aristóteles va a recoger para relacionarlos con personas especialmente sensibles e inteligentes. Para Hipócrates, la melancolía se debe a desequilibrios en la secreción de bilis negra, o bien a una mala combustión de esta sustancia dentro del organismo que daría lugar a restos tóxicos; de hecho, el término proviene del griego melaina chole (bilis negra). Esta concepción humoral de los trastornos mentales se conservará prácticamente intacta en la medicina occidental hasta el siglo XIX. Aunque el término melancolía era la etiqueta diagnóstica más usada, la palabra depresión se comienza a utilizar con frecuencia durante el siglo XIX, y ya a principios del siglo XX se emplea como término diagnóstico con bastante asiduidad.

El cambio conceptual fundamental lo proporciona el psiquiatra alemán Kraepelin a finales del siglo pasado. En la 6ª edición de su influyente manual de psiquiatría (1896) diferenció la demencia precoz (llamada esquizofrenia poco después por Bleuler) de la enfermedad maníaco-depresiva. Estas dos enfermedades básicas se diferenciarían por su historia familiar, su curso y su gravedad: los maníaco-depresivos tendrían una mayor historia de antecedentes de enfermedad, menos gravedad y un curso menos crónico que el de las personas con esquizofrenia. Sin embargo, el término maníaco-depresivo de Kraepelin incluía cuadros que hoy denominaríamos depresión mayor, distimia, trastorno bipolar o ciclotímina. En palabras del propio autor, se incluían "todos los casos de excesos en la afectividad". Era, por lo tanto, un concepto enormemente amplio y desde poco tiempo después de su publicación recibió críticas por parte de Adolf Mayer (uno de los pioneros de la psiquiatría americana) e incluso por compatriotas del propio Kraepelin como Kart Jaspers.

Para Kraepelin las causas de la enfermedad maníaco-depresiva eran innatas e independientes de causas sociales o psicológicas. Una posición que muchos otros autores de aquella época, como el propio Meyer e incluso Freud (véase su obra Duelo y Melancolía) no compartían. De hecho, la clasificación y definición de los trastornos afectivos ha ocupado debates interminables en la psiquiatría durante más de 50 años que ahora parecen estar más amortiguados por el consenso clasificatorio que estamos viviendo desde hace pocos años.

 

Manual de Psicopatología, Volumen II - Belloch, Sandín y Ramos (McGraw-Hill. Madrid 1995)

Trastornos Bipolares
 
 
 
 
 
 
 
 

 

Manual de Psicopatología, Volumen II - Belloch, Sandín y Ramos (McGraw-Hill. Madrid 1995)